viernes, 28 de septiembre de 2012

Interesante editorial de Norberto Galasso para la reflexión

Norberto Galasso -Agosto 2012

Los investigadores extranjeros que llegan a América Latina se sumen en la perplejidad cuando deben analizar los movimientos nacionales que en nuestras tierras brotan y se desarrollan. Esto es explicable porque, para entenderlos, recurren a los libros de sus bibliotecas, a sus cursos académicos, a sus ensayistas más brillantes para los cuales este tipo de fenómenos resultan ajenos, exóticos, incomprensibles. La situación se agrava cuando semejante perplejidad se les produce a los intelectuales latinoamericanos que las más de las veces concluyen asumiendo posiciones de seudo izquierda o de izquierda abstracta, como quiera llamársele, perfectamente aplicables a países lejanos y no a los nuestros, a los que continúan ignorando. De ahí también que se asombren cuando uno les recuerda que Jauretche aconsejaba: antes de aprender la verdad de lo que ocurre aquí, es preciso desaprender verdades de otros países, donde la cuestión nacional está resuelta o donde, al convertirse en imperios, los enfrentamientos de clase se han morigerado a tal punto que vale lo mismo ser socialdemócrata o comunista que conservador o liberal.

Estas reflexiones las provoca la situación actual de la Argentina donde, si bien desde una posición nacional, es perfectamente definible dónde está el movimiento nacional y donde está la reacción conservadora, se cruzan en el escenario político –asombrosamente- personajes que siempre estuvieron de un lado y ahora están del otro, como si se hubiese generalizado una desubicación creciente de los protagonistas que los torna incomprensibles porque toda su trayectoria anterior no se compatibiliza con la que asumen hoy día.

También Jauretche tenía su consejo para situaciones como ésta: “Hay que barajar y dar de nuevo”. Por broncas, por obcecación, por rivalidad o por motivos que sólo un brillante psicólogo podrá desnudar, varios realineamientos producidos en la Argentina en los últimos tiempos resultan inexplicables para el hombre y la mujer común, para el argentino politizado pero que no es militante y por tanto se informa, en las líneas gruesas de los acontecimientos, según la experiencia obtenida en años anteriores y se le hace muy difícil orientarse hoy.

Usted me dirá seguramente que gran parte de la confusión la han provocado las grandes corporaciones mediáticas falseando la verdad y esto es cierto. Pero, en ese aspecto, gran parte del pueblo argentino ha aprendido lo que yo escuché a los 25 años, en el café de la esquina de mi casa, de boca de un militante de la resistencia peronista discutiendo con un antiperonista: “Che, pero usted miente como un diario”, verdad que ahora se ha generalizado. Por tanto, hay algo más que provoca la confusión, la incomprensión, la desorientación. Y este desbarajuste en el escenario político es preciso abordarlo, aunque se trate de un camino de cornisa

Nosotros, que no hacemos política para obtener cargos, ni embajadas, ni prestigio, no nos hemos callado nunca, ni hemos convertido a la política en reverencias diplomáticas o silencios cómplices, siempre hemos evaluado la correlación de fuerzas entre el campo popular y el sector reaccionario y si alguna vez fuimos prudentes en las críticas al campo popular fue con plena conciencia de que no queríamos hacer el juego al campo enemigo, pero siempre hemos considerado que formular apoyos acríticos le hacen mal a quienes apoyamos y que sabiendo perfectamente desde donde hablamos, podemos señalar, sin ambages, las sorpresas –o mejor, los disgustos- que nos provocan ciertas actitudes y posiciones. Por eso decimos hoy, que hay muchas “fichas” mal colocadas en el tablero, que desde nuestro modesto entender son muchos los que deben reconsiderar sus posiciones pues están donde no deben estar y sostienen aquello que no deben pensar.

En este sentido, un movimiento nacional como el que preside Cristina Fernández de Kirchner necesita, dentro suyo, una CGT integrada por dirigentes que hayan probado una y otra vez, a lo largo de su historia, que su desempeño, su combatividad y su conducta han representado con la mayor fidelidad los intereses de los trabajadores. Si para ello es preciso conceder, aguantar, autocriticarse, no importa, hay que hacerlo. Ningún lector de “Señales Populares” puede haber visto sin enojo esa foto donde la Presidenta de la Nación aparece rodeada por dirigentes gremiales que sostuvieron al menemismo, algunos que fueron sindicalistas-empresarios y otros, con oscuro prontuario durante los ’70.

Y también hay que decirlo: ningún lector de “Señales Populares” puede haber escuchado, sin molestarse, que un dirigente de trayectoria combativa que supo crear el MTA contra la entrega menemista se defina ahora como opositor a este gobierno –que es el anverso del menemismo- y recorra los programas televisivos sosteniendo que no volvería a votar a Cristina.

El ciudadano que se informa por la “caja maldita” ha visto estas cosas y ha sentido herido ese entusiasmo que se nutrió en los cambios producidos en los últimos años. Ha querido explicárselo pero ha encontrado, en ambos lados, argumentaciones que no están a la altura de la responsabilidad que exige la hora, argumentaciones que diluyen las cuestiones confrontadas, que generan suposiciones erróneas en uno u otro sentido o silencios que ayudan a la confusión.

Y esto le hace mal al gobierno y al movimiento obrero. Porque nuestra historia enseña que no es posible profundizar un proceso de cambio sin apoyatura de un sindicalismo unido y ajeno a todo arreglo espurio con las grandes corporaciones empresarias o mediáticas. Porque también nuestra historia enseña que los trabajadores, en condiciones de democracia gremial, no son partidarios de los saltos al vacío por parte de sus dirigentes, ni de alianzas con seudoizquierdas que se han opuesto a los gobiernos que desdeñosamente califican de “populistas”, provocando el goce de los Magnetto, Biolcatti y Cía.

Por el camino recorrido hemos avanzado mucho, incluso en los últimos meses –entre ellos, el Ingreso de Venezuela al Mercosur y el control sobre el uso de las divisas- pero hay asignaturas pendientes y algunas, urgen.

También es cierto que existe una crisis mundial muy grave. Si se reparten las cargas para afrontarla, los trabajadores lo entenderán pero para ello necesitan dirigentes con historia, historia buena, no de la otra. Y necesitan discusión, cuadros, capacitación, polémicas, no sólo medidas coyunturales nacidas de “mesas chicas”, sino clara participación en proyectos estratégicos.

Aquí nadie tiene la verdad al cien por ciento, sino que modestamente estamos atisbando el mejor futuro posible para las mayorías y que los privilegiados dejen de serlo. Eso solo, pero nada menos que eso.

No sería extraño que algún lector de “Señales Populares” sostenga que no hay que lavar los trapos sucios en público, ya sea de una u otra parte. Nosotros, por el contrario, hacemos el esfuerzo de lanzar estos pocos miles de ejemplares porque consideramos que es un aporte necesario en las horas que corren. Confiamos en que así ayudamos a que nadie pierda el rumbo o como ya dijimos: pretendemos concurrir al esfuerzo de BARAJAR Y DAR DE NUEVO.

http://www.spopulares.com.ar/index.php/secciones/editoriales/393-editorial-galasso-201208